París a tus pies.
La versión de la mujer madura seducida por un mal hombre no es compasiva: es misógina. Supone que una funcionaria con larga trayectoria es incapaz de distinguir entre un pretendiente y un proveedor. La infantiliza. Le arrebata lo único que una servidora pública no puede perder: la responsabilidad sobre sus actos. Y además convierte la colusión en seducción, el contrato en piropo, el delito en desliz. Si es amor, es privado. Si es privado, no es corrupción. La mujer que cayó por amor es un final


















